El pan de la vida: abrir y cerrar ciclos

Abrir y cerrar ciclos
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A propósito de los aires inspiradores del año nuevo, donde se respira energía renovada e ilusión, vale la pena darle la bienvenida a nuestros proyectos y a la apertura de ciclos. Sin embargo, es importante saber algunos detalles respecto a qué sucede dentro de nosotros cuando cerramos e iniciamos un ciclo nuevo, para así entender qué es lo que nos impulsa a seguir hasta lograr lo que deseamos o por qué morimos recurrentemente en el intento.

Primero, es importante tener claro que el pan de la vida es abrir y cerrar ciclos, por ejemplo; en las mañanas que estamos listísimos/as para comenzar un nuevo día abrimos un pequeño ciclo, al igual que cuando estamos listos/as para dormir lo cerramos. No obstante, en lo cotidiano hay ciclos más o menos evidentes como el inicio o término de una relación amorosa, la partida o llegada de un trabajo, una casa nueva, etc. hasta comprar y/o cambiar de shampoo o ropa son micro ciclos.

Quizá algunos tenemos claro en mayor o menor medida que todo lo que sucede en la vida son ciclos, lo interesante es observar qué pasa cuando vivimos estas situaciones, desde las macro como el año nuevo o una ruptura sentimental hasta las micro como comprar zapatos nuevos.

Seguramente, pocos se han puesto a observar qué sucede con su botella de shampoo: ¿Eres de los/as que lo exprimen hasta la última gota del mismo y ya vacío le ponen un poco (o un cuarto de botella) de agua “pa´que se acabe de verdad” o de lo/as que a media botella se aburren del color, olor o de cómo deja el cabello y se lanzan por uno nuevo? Estas cosas aparentemente “insignificantes” son las que nos pueden dar un parámetro de cómo es que actuamos por “hábitos y estructura” en las cosas importantes de la vida, qué tan fácil es iniciar un proyecto nuevo con el ánimo y la certeza adecuada o si los iniciamos siempre “obligados” por factores externos. O qué tan fácil resulta cerrar uno, como un cambio de trabajo o una relación de pareja, los exprimes hasta la última gota, así como la botella de shampoo, “para ver qué más puede dar o si se puede rescatar”, prolongando así ese momento “incómodo” de partida y evitar ver que ya han cumplido su ciclo y deben irse para que llegue algo nuevo.

Es en lo cotidiano donde podemos observar las herramientas internas con las que contamos para poder iniciar o cerrar y desapegarnos de situaciones, lugares o personas; y esto, definitivamente tiene que ver con lo que aprendimos de nuestros “arquetipos” materno y paterno. Un arquetipo es un modelo o esquema construido desde lo colectivo respecto a, en este caso, la figura y representación de lo femenino y masculino.

El arquetipo materno es el que, de manera inconsciente nos enseñó a abrir ciclos, a crear proyectos, alimentarlos y nutrirlos, a tener la ilusión de iniciar, de recibir con amor y emoción la llegada de lo nuevo llámese personas, proyectos o estilos de vida.

Por el contrario, el cierre de ciclos está ligado con el arquetipo paterno, con la representación de lo masculino que nos permite aprender a poner límites, a ser concretos/as, a tener fuerza interna y claridad, a soltar, desapegarnos e irnos cuando es necesario.

Cuando no hay un equilibrio entre estos dos arquetipos es cuando duele en demasía soltar las relaciones, los trabajos infructuosos o los lugares que han cumplido su tiempo con nosotros/as; y a su vez, nos cuesta decidir iniciar proyectos, crear nuevos hábitos, leer ese libro que queremos desde hace mucho, tomar por fin la clase de guitarra o de baile, mudarse de ciudad, buscar un trabajo inspirador y así, una larga lista de etcéteras.

La buena noticia es que hay remedio, podemos integrar aquello que identifiquemos nos hace falta para equilibrar los arquetipos dentro de nosotros/as y entonces sí, fluir con la vida. Tener la certeza y ánimo de iniciar nuevos proyectos, nutrirlos adecuadamente mientras duren y dejarlos ir en el tiempo que hayan cumplido su misión, con la tranquilidad de haberlos alimentado, disfrutado y aprendido mientras estaban vigentes. Y así, de esta manera viajar ligeros, sin cargas, sin lamentos, sin hubieras, sin apegos, sólo con certezas, con tranquilidad, con determinación y con mucho agradecimiento por lo vivido y aprendido, pero sobre todo en paz con uno/a mismo.

Aquí unos tips para comenzar a equilibrar ambos arquetipos dentro de nosotros/as.

1. Obsérvate

En lo cotidiano, en las cosas rutinarias para luego identificar cómo has vivido los grandes cambios, con fluidez, con dolor en demasía, prolongando relaciones o dándole carpetazo.

2. Identifica

Sé consciente de cómo vives los ciclos, anota qué identificas, qué te cuesta más, iniciar cosas o soltarlas y desapegarte.

3. Integra

Reconcíliate con las características de ambos arquetipos, sin juzgar, sólo dales la bienvenida a tu vida en la certeza de que ambos tienen una función importante en ti.

4. Acepta

Los ciclos han estado y estarán presentes TODA la vida, son una constante y parte importante del aprendizaje. Acéptalos como una buena posibilidad de renovación y reinvención.

5. ¡Suelta!

Suelta, suelta, sueltaaa!! todo cuanto sea necesario, siempre agradeciendo lo vivido, NADA nos pertenece, sólo la experiencia. Cuando somos conscientes de la impermanencia podemos valorar y agradecer el AQUÍ y el AHORA.

6. ¡Abraza!

Abraza los ciclos cada vez que se presenten, dales la bienvenida, agradece que estén ahí, lo cual significa que estás vivo/a, que aún hay camino por recorrer…

Y finalmente vive todos y cada uno de los ciclos desde la certeza, la consciencia y el amor.

Crédito de la foto: RebeccaVC1 a través de flickr.com

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Tania Rodríguez
Psicóloga educativa de profesión. En mi camino de búsqueda cursé un posgrado en lingüística aplicada, conocí el coaching, la física cuántica y el método de aplicación mental, herramientas que hoy combino y uso en mi práctica diaria y talleres.

Creo y le apuesto a las posibilidades infinitas del Ser Humano, al encuentro de uno mismo, a disfrutar la vida y a aprender de ella cada vez.

Me gusta el cine, la fotografía, el teatro, la danza, la comida y la música.

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